Para mi, esta tarta es especial y os cuento por qué. Llegó un día mi mami este pasado invierno y me contó que acogería a dos niñas colombianas que venían a Madrid al JMJ, que si yo me animaba y acogía también ya que faltaban familias. En un principio me quedé dudosa pero al final decidí que no,. Pasó el tiempo y se acercaba la fecha, yo ya ni me acordaba, me fui de vacaciones y al volver me volvió a decir mi madre que faltaban familias para acoger a estas niñas, así que Diego y yo lo estuvimos hablando y decidimos que sí. Dos días antes de su llegada, el párroco de mi pueblo nos reunió para explicarnos y darnos los nombres de estas niñas. Pues bien resulta que al final ya no eran niñas (todo el mundo prefería niñas antes que niños) sino niños y tampoco niños sino jóvenes (claro que tonta si venían a las JMJ, es normal que fueran jóvenes). Los nombres de mis chicos eran Carlos Mario y Ricardo de 20 y 17 años. Legó el día de la llegada, todos nerviosos, ellos porque no sabían ni a donde venían, culturas distintas, comidas distintas,... y nosotros porque pensábamos bueno y que hacemos nosotros ahora con dos adolescentes. Pues bien todo fue estupendo, los chicos increíbles, con una fe hacia Dios que a más de uno nos haría falta por lo menos la cuarta parte. Los días pasaron, 5 días inolvidables que estarán con nosotros siempre en el recuerdo.Ahora hablamos mucho por el facebook y espero que esta relación siga para siempre y que algún día nos volvamos a ver. Desde aquí les mando un fuerte beso a los dos y les deseo lo mejor del mundo en sus vidas y las de sus familiares. Aconsejo a todo el que tenga la oportunidad de vivir una experiencia como esta o parecida que no pierda la oportunidad, merece la pena.
Les preparé esta tarta para el día de su despedida y les encantó.
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